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Los Ranqueles: El Pueblo que la Historia Oficial Niega para Justificar el Despojo del Mamül-Mapu

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La Gran Mentira: Negar para Despojar

En el corazón de la República Argentina existió un territorio que sus habitantes legítimos llamaron Mamül-Mapu —”país del monte” o “de los cañaverales”— un espacio geográfico, político y cultural que fue el hogar de una de las naciones indígenas más importantes del siglo XIX: los RANQUELES o RANKULCHES. Sin embargo, la historia oficial argentina ha desarrollado una estrategia perversa y deliberada para negarles su carácter de pueblo con derechos territoriales: afirmar que “no son pueblo originario.”

Esta afirmación no es un debate académico inocente. Es la continuación del genocidio por otros medios. Es la negación epistémica que permite mantener el despojo territorial consumado hace 150 años. Es la justificación contemporánea para no devolver las tierras robadas, para no reconocer derechos, para seguir perpetuando la colonización.

La verdad histórica es demoledora: los Ranqueles fueron un pueblo con identidad propia, organización política compleja, territorio definido y continuidad histórica que se remonta al siglo XVIII. Negarles su estatus de pueblo originario es un acto de violencia colonial que se repite cada vez que un historiador de escritorio, un político funcional o un terrateniente descendiente de genocidas utiliza tecnicismos para deslegitimar reclamos territoriales justos.

El Mamül-Mapu: Un Territorio con Dueños Legítimos

El Mamül-Mapu no era un “desierto” esperando ser “conquistado.” Era un territorio habitado, organizado, defendido y amado por quienes lo consideraban su hogar ancestral. La zona central de lo que hoy es Argentina, desde aproximadamente 1750, fue el espacio vital de una nación que construyó su identidad en esas tierras, desarrolló sus formas de gobierno, estableció sus sistemas económicos y defendió su soberanía contra invasores de todo tipo.

Cuando los historiadores funcionales al poder dicen que los Ranqueles “aparecen recién en nuestra historia alrededor del año 1750,” están usando el verbo equivocado. No “aparecieron.” Fueron reconocidos por los cronistas coloniales en ese momento, lo cual es muy diferente. La historiografía eurocéntrica solo registra lo que sus ojos coloniales pueden ver, cuando deciden mirar.

La Formación de una Nación: Mestizaje como Fortaleza

Los Ranqueles no surgieron de la nada. Se formaron a partir de la confluencia de múltiples pueblos: Pehuenches, Puelches, Huarpes, Comechingones, Querandíes y Pampas, y en menor medida también de Huilliche y Picunches chilenos, además de incorporar después de Masallé a indígenas Vorogas y Mapuches chilenos que buscaron protección entre ellos para escapar de la dominación de los hermanos Calfulcurá y Namuncurá.

Esta confluencia y mestización no es una debilidad argumental para negar su carácter de pueblo originario. Es precisamente lo que los convierte en una nación con identidad propia. Todas las naciones humanas son producto de mestizajes, migraciones, fusiones culturales. ¿O acaso alguien niega que los argentinos somos un pueblo porque somos mestizos de españoles, italianos, árabes, africanos, indígenas y decenas de orígenes más?

La etnogénesis —el proceso de formación de un pueblo— es un fenómeno humano universal. Los Ranqueles desarrollaron “identidad propia” como afirma el propio texto histórico, y fueron “el más importante del centro del país en el siglo XIX.” Esta importancia demográfica, política y territorial no puede ser borrada con sofismas académicos.

Carripilun: El Líder que la Historia Oficial Olvidó

CARRIPILUN, el primer gran cacique de origen Ranquel, es una figura prácticamente desconocida en la historia oficial argentina. No hay monumentos que lo honren, no aparece en los manuales escolares, su nombre no está en calles ni plazas. Este olvido no es casual: es el borrado sistemático de los líderes indígenas que defendieron sus territorios y su pueblo.

Carripilun lideró una nación compleja, articuló alianzas, resistió invasiones, construyó instituciones políticas. Pero para la historiografía genocida, estos líderes indígenas no merecen el título de “estadistas” que sí se otorga generosamente a militares incompetentes como Mitre o a genocidas confesos como Roca.

La invisibilización de Carripilun es parte del mismo proyecto que niega el carácter de pueblo originario a los Ranqueles: si no hubo grandes líderes, si no hubo organización política, si no hubo nación, entonces no hay a quién devolverle territorios, no hay a quién reparar, no hay derechos que reconocer.

Patriotas contra Invasores Británicos: La Lealtad que Nadie Recuerda

Uno de los episodios más escandalosamente silenciados de la historia argentina es que los Ranqueles ofrecieron sus lanzas para luchar contra los ingleses cuando estos invadieron el Río de la Plata en 1806-1807. Mientras próceres de la historia oficial como Mitre observaban invasiones extranjeras desde buques enemigos, los Ranqueles —a quienes se niega hasta el estatus de pueblo originario— estaban dispuestos a defender el territorio de una invasión imperial británica.

Este acto de lealtad territorial y resistencia antiimperialista ha sido deliberadamente borrado de la narrativa nacional. ¿Por qué? Porque destruye el mito del “indio bárbaro” que debe ser exterminado por la “civilización.” Los Ranqueles demostraron sofisticación política al comprender que una invasión europea era una amenaza común, más allá de sus conflictos con las autoridades coloniales y poscoloniales.

Este gesto de alianza estratégica contra el imperialismo británico contrasta brutalmente con la traición de las élites porteñas que, como Sarmiento y Mitre, se enorgullecían de ser “traidores a la causa americana” y se “echaban en brazos de Francia” para “salvar la civilización europea.”

Rosas, Calfulcurá y la Traición Territorial: Cuando el Estado Importa Invasores

La relación entre Juan Manuel de Rosas y los Ranqueles expone una de las páginas más oscuras de la manipulación territorial argentina. Los Ranqueles fueron “mortales enemigos” de Rosas, y esta enemistad llevó al gobernador porteño a cometer un acto de traición territorial de proporciones históricas: en 1834, Rosas permitió la entrada al país de los Huilliche chilenos, liderados por los caciques Calfulcurá y su hermano Namuncurá, y autorizó su asentamiento en las Salinas Grandes.

La condición que Rosas impuso —y que los Huilliche nunca cumplieron— era que atacaran a los Ranqueles. Es decir, el Estado argentino deliberadamente importó fuerzas militares extranjeras para debilitar a una nación indígena que ocupaba territorios codiciados. Esta no fue una guerra entre “indios” como la historia oficial intenta presentarla. Fue una estrategia colonial deliberada: usar fuerzas foráneas para dividir, debilitar y eventualmente destruir a pueblos que defendían sus territorios.

La Resistencia contra la Dominación Huilliche

El texto histórico es claro: los Ranqueles “nunca aceptaron la dominación Huilliche que impuso a otros indígenas de la Pampa Calfulcurá.” Esta resistencia demuestra varios puntos cruciales:

  1. Conciencia política y territorial: Los Ranqueles distinguían entre aliados y opresores, entre defensores legítimos del territorio y invasores foráneos.
  2. Autonomía y dignidad: Prefirieron la resistencia a la sumisión, incluso cuando esto significaba enfrentar fuerzas superiores.
  3. Solidaridad con otros pueblos oprimidos: Ofrecieron refugio a los Vorogas y Mapuches chilenos que escapaban de la dominación de los Calfulcurá.

Esta resistencia multi-frontal —contra Rosas, contra los terratenientes, contra los Huilliche importados como instrumento colonial— evidencia la complejidad política y la determinación de un pueblo que la historia oficial pretende borrar calificándolo de “no originario.”

El Argumento del Despojo: “No Son Originarios, Entonces No Tienen Derechos”

La estrategia de negar el carácter de pueblo originario a los Ranqueles tiene un objetivo político concreto y actual: deslegitimar los reclamos territoriales de sus descendientes. Si logramos convencer a la sociedad de que los Ranqueles “no son pueblo originario,” entonces:

  • No tienen derechos territoriales reconocidos en la Constitución Nacional (Art. 75, inc. 17)
  • No les aplica el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas
  • No pueden reclamar las tierras del Mamül-Mapu que fueron robadas y entregadas a terratenientes
  • No merecen reparación por el genocidio sufrido
  • No tienen derecho a consulta previa sobre proyectos que afecten sus territorios ancestrales

Esta es la función del negacionismo histórico: no es un debate académico abstracto, es la continuación de la guerra de exterminio por medios jurídicos y discursivos.

La Trampa del “Pueblo Originario”: ¿Quién Define los Criterios?

El concepto de “pueblo originario” tal como lo utiliza la historia oficial es una trampa colonial. Según los criterios arbitrarios que esgrimen historiadores funcionales al despojo:

  • Si un pueblo es producto de mestizaje, “no es originario” (aunque todos los pueblos humanos son mestizos)
  • Si un pueblo se forma en el siglo XVIII, “no es originario” (¿cuál es el límite temporal arbitrario? ¿1500? ¿1000? ¿10,000 años?)
  • Si un pueblo migra, “no es originario” (aunque todas las poblaciones humanas han migrado)
  • Si un pueblo incorpora nuevos miembros, “no es originario” (aunque todas las sociedades incorporan miembros)

Estos criterios imposibles sirven para una sola cosa: negar derechos. Porque si aplicáramos los mismos estándares a los colonizadores europeos y sus descendientes —mestizos de españoles, italianos, franceses, llegados hace apenas 150 años— entonces nadie en Argentina sería “originario” y todos los títulos de propiedad de la tierra serían ilegítimos.

Los Ranqueles Según el Derecho Internacional

El derecho internacional contemporáneo no utiliza criterios arbitrarios de “pureza étnica” o “antigüedad milenaria” para definir pueblos indígenas. El Convenio 169 de la OIT (ratificado por Argentina) establece que son pueblos indígenas aquellos que:

  1. Descienden de poblaciones que habitaban el país antes de la colonización
  2. Conservan instituciones sociales, culturales, económicas y políticas propias
  3. Se autoidentifican como indígenas

Los Ranqueles cumplen estos tres criterios. Ocuparon el Mamül-Mapu antes de la consolidación del Estado argentino (que es la “colonización” relevante para sus territorios). Desarrollaron instituciones propias. Se autoidentifican como pueblo indígena.

La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007) reconoce el derecho a la libre determinación, a las tierras y territorios que tradicionalmente ocuparon, y a la reparación por los bienes confiscados sin su consentimiento libre, previo e informado.

La Responsabilidad Histórica del Estado Argentino

El Estado argentino es directamente responsable de múltiples crímenes contra el pueblo Ranquel:

  1. Importación deliberada de fuerzas militares extranjeras (Huilliche) para atacarlos
  2. Campañas de exterminio sistemático durante el siglo XIX
  3. Apropiación fraudulenta de 40 millones de hectáreas del Mamül-Mapu
  4. Distribución de tierras robadas entre menos de 2,000 terratenientes
  5. Destrucción de su base económica mediante el exterminio del ganado y los recursos
  6. Negación epistémica mediante la historiografía oficial que los borra como pueblo
  7. Incumplimiento sistemático de los tratados firmados con caciques Ranqueles

Estos no son crímenes del pasado remoto. Son crímenes de lesa humanidad que no prescriben y cuyas consecuencias persisten hoy: las comunidades Ranqueles siguen despojadas, empobrecidas, negadas, violentadas.

El Mamül-Mapu Hoy: Territorio Ocupado, Pueblo Resistente

El territorio que los Ranqueles llamaron Mamül-Mapu hoy está cubierto de latifundios, soja transgénica, agronegocios que envenenan la tierra con agrotóxicos, y ciudades que niegan la presencia indígena. Pero el pueblo Ranquel no ha desaparecido. Resiste. Reclama. Exige justicia.

Las comunidades descendientes de los Ranqueles enfrentan:

  • Criminalización de sus reclamos territoriales: líderes indígenas perseguidos judicialmente
  • Violencia estatal y paraestatal: desalojos forzosos, represión policial, amenazas de terratenientes
  • Negación de identidad: el mismo argumento de “no son originarios” usado para negar derechos
  • Incumplimiento de la Ley 26.160: que suspende desalojos pero no se aplica
  • Invisibilización mediática: sus luchas no aparecen en los grandes medios

Descolonizar el Conocimiento: Reconocer la Verdad Ranquel

Reconocer a los Ranqueles como pueblo originario con plenos derechos territoriales no es una concesión generosa. Es un acto de justicia elemental y cumplimiento de la legalidad nacional e internacional. Es descolonizar el conocimiento histórico que durante demasiado tiempo ha servido para legitimar el despojo.

La verdad histórica es esta:

  • Los Ranqueles fueron un pueblo con identidad propia reconocida
  • Ocuparon legítimamente el Mamül-Mapu durante siglos
  • Desarrollaron organización política compleja bajo líderes como Carripilun
  • Ofrecieron lealtad al territorio luchando contra invasores británicos
  • Resistieron múltiples frentes de agresión: Rosas, terratenientes, Huilliche importados
  • Fueron víctimas de genocidio sistemático y despojo territorial masivo
  • Merecen reparación integral de acuerdo con el derecho nacional e internacional

Llamado a la Acción: Justicia para el Pueblo Ranquel

La reivindicación del pueblo Ranquel exige acciones concretas e inmediatas:

  1. Reconocimiento oficial como pueblo originario con plenos derechos constitucionales
  2. Devolución de territorios ancestrales del Mamül-Mapu a las comunidades
  3. Reparación económica por 150 años de despojo y genocidio
  4. Fin de la persecución judicial contra líderes y comunidades Ranqueles
  5. Aplicación efectiva de la Ley 26.160 y del Convenio 169 de la OIT
  6. Revisión de la historiografía oficial que niega su identidad y derechos
  7. Educación que reconozca la verdad histórica del pueblo Ranquel y el Mamül-Mapu
  8. Consulta previa, libre e informada sobre todo proyecto en territorio ancestral Ranquel

El argumento de que “no son pueblo originario” es la continuación del genocidio por medios discursivos. Es la estrategia de los descendientes de genocidas para mantener las tierras robadas. Es el colonialismo del siglo XXI que niega derechos usando tecnicismos mientras perpetúa la injusticia fundacional.

Conclusión: La Tierra Tiene Memoria, los Pueblos No Olvidan

El Mamül-Mapu existe. No como nombre en mapas turísticos o libros de historia, sino como memoria viva en las comunidades Ranqueles que resisten, como territorio ancestral que clama justicia, como deuda histórica impaga del Estado argentino.

Los Ranqueles no necesitan que historiadores de escritorio les “concedan” el estatus de pueblo originario. Lo son por derecho propio, por historia vivida, por sangre derramada defendiendo su tierra, por identidad construida y preservada contra todo intento de exterminio.

Negar esta verdad es complicidad con el genocidio. Reconocerla y actuar en consecuencia es el único camino hacia una Argentina que honre a todos sus pueblos y repare sus crímenes fundacionales.

El Mamül-Mapu sigue esperando justicia. El pueblo Ranquel sigue resistiendo. Y la verdad histórica, por más que intenten enterrarla bajo tecnicismos y negacionismos, siempre emerge para exigir reparación.


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