Condenado a 23 años por defender territorio ancestral, el líder de la CAM denuncia desde prisión cómo descendientes de colonos alemanes controlan el Wallmapu y preparan genocidio neofascista
La Voz Desde el Encierro: 23 Años por Defender Tierra Ancestral
Desde la cárcel de Concepción (Penal Biobío), Héctor Llaitul, líder histórico de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) y werken (vocero) del pueblo mapuche, condenado a 23 años de prisión bajo la Ley de Seguridad del Estado, ha enviado un análisis demoledor sobre la realidad política chilena tras las elecciones presidenciales recientes.
Sus palabras no son opinión de un observador externo. Son el testimonio de un preso político que paga con décadas de su vida el costo de defender territorios ancestrales contra corporaciones extractivistas, terratenientes descendientes de colonos europeos y un Estado chileno que aplica sistemáticamente terrorismo institucional contra el pueblo mapuche.
Veintitrés años de condena. Casi un cuarto de siglo encerrado por el “delito” de reivindicar los derechos territoriales de su nación originaria. Esta sentencia no es justicia: es venganza estatal contra liderazgos efectivos que organizan resistencia territorial. Es la continuación del genocidio por medios jurídicos. Es el mensaje explícito del Estado chileno: “Quien defienda territorio mapuche pasará décadas en prisión.”
Y desde ese encierro brutal, Llaitul analiza con lucidez devastadora el escenario político que se cierne sobre el Wallmapu: la ultraderecha chilena, compuesta mayoritariamente por descendientes de colonos alemanes, prepara una ofensiva genocida sin precedentes contra el pueblo mapuche.
Tres Candidatos Alemanes: El Retorno del Colonialismo Explícito
El análisis de Llaitul comienza con un dato escandaloso que los medios corporativos minimizaron: en la primera vuelta de las elecciones presidenciales chilenas se presentaron tres candidatos de ultraderecha de origen alemán: José Antonio Kast, Johannes Kaiser y Evelyn Matthei.
Esta no es casualidad estadística. Es la manifestación explícita del poder colonial que descendientes de colonos europeos mantienen sobre territorios ancestrales mapuche. Llaitul es claro: “Todos ellos representan la reafirmación de un Estado capitalista de naturaleza profundamente racista y colonial.”
Para comprender la gravedad de esta concentración de poder alemán, es necesario entender la historia del colonialismo alemán en el Wallmapu, que Llaitul resume con precisión demoledora.
Historia del Despojo: La Colonización Alemana del Wallmapu (1881-Presente)
Llaitul explica: “Los alemanes, así como otros grupos de colonos (italianos, neozelandeses, suizos) se establecieron en nuestro Wallmapu ancestral por las políticas del Estado, una vez que los ejércitos de Chile y Argentina consolidaron a sangre y fuego la ocupación de La Araucanía hacia el año 1881.”
Esta ocupación militar de 1881 no fue “pacificación.” Fue invasión, genocidio, ocupación política y militar del territorio ancestral mapuche desde el Puelmapu (lado argentino) hasta el Gulumapu (lado chileno). Y sobre los cadáveres y las comunidades desplazadas, el Estado chileno importó deliberadamente colonos europeos para consolidar la ocupación.
La Violencia Racista de la Colonización Alemana
“Los alemanes se instalaron de forma paulatina y muy violenta (racista). Con la ayuda del Estado se fueron haciendo de muchas tierras y recursos que históricamente pertenecieron a nuestro pueblo.”
Las principales zonas de colonización alemana fueron Valdivia, Osorno y Llanquihue —corazón del territorio ancestral mapuche-huilliche. Su actividad económica se centró desde el inicio en:
- Tala y roza masiva (destrucción de bosque nativo milenario)
- Siembra y cosecha de productos agrícolas en tierras usurpadas
- Ganadería ovina y bovina que transformó radicalmente el ecosistema
Esta no fue colonización “pacífica” de tierras “vacías.” Fue apropiación violenta con respaldo estatal de territorios habitados, destrucción de economías indígenas milenarias, imposición de sistemas productivos extractivistas que devastaron el Itrofilmogen (todas las formas de vida) mapuche.
El Poder Alemán Hoy: Control Total del Sur de Chile
Llaitul denuncia la realidad actual: “Los descendientes de alemanes no sólo son poseedores de casi toda la territorialidad ancestral huilliche con la actividad forestal, sino que tienen diversas inversiones capitalistas que atentan contra nuestro Itrofilmogen.”
El control económico alemán sobre el Wallmapu incluye:
- Forestales: Monocultivos de pino y eucalipto en millones de hectáreas ancestrales
- Lecherías industriales: Explotación intensiva con contaminación masiva
- Cervecerías: Apropiación y mercantilización de recursos hídricos
- Frutícolas: Agronegocios con uso intensivo de agrotóxicos
Estas inversiones “sustentan su dominación ideológica, cultural, político y doctrinal, que tiene como objetivo de fondo el exterminio de nuestras comunidades.” No es lenguaje exagerado: es descripción precisa de cómo el capital alemán en Chile opera con lógica genocida.
Colonia Dignidad: El Enclave Nazi del Genocidio
Llaitul recuerda un ejemplo especialmente brutal: “Hay que recordar lo que significaron los enclaves alemanes como el de Colonia Dignidad, un reducto de los fascistas y nazis en tiempos de la dictadura civil militar de Pinochet, que fue un centro de adiestramiento, de tortura y degradación humana sin límites.”
Colonia Dignidad (Villa Baviera) fue un asentamiento alemán fundado por el nazi Paul Schäfer en territorio mapuche, que operó durante décadas como:
- Centro de tortura de la dictadura pinochetista
- Laboratorio de experimentación con prisioneros políticos
- Enclave de abuso sexual infantil sistemático
- Refugio de criminales nazis escapados de Europa
Este enclave operó con total complicidad del Estado chileno en territorio ancestral mapuche. Es la manifestación más grotesca de la alianza entre colonialismo alemán, fascismo europeo y genocidio contra pueblos originarios.
La Inversión Alemana Actual: Extractivismo Disfrazado de “Energía Verde”
Llaitul aporta datos concretos de la inversión alemana contemporánea: “La inversión alemana en Chile es de USD 1.019 millones, según InvestChile.” En el Wallmapu, esta inversión tiene “carácter particular privado, herencia de la colonización” y se concentra en proyectos extractivistas disfrazados de “energías renovables.”
Parques Eólicos: Devastación “Verde”
WPD Chile (con sede en Bremen, Alemania): proyectos de parques eólicos en regiones de Los Lagos y Los Ríos. Parque Eólico Malleco: inversión de US$ 500 millones con instalación de 77 aerogeneradores, causando:
- Destrucción de hábitats naturales milenarios
- Impacto severo en fauna local
- Alteración irreversible de topografía
- Imposición sin consulta a comunidades mapuche
Esta última violación es especialmente grave: el Convenio 169 de la OIT (ratificado por Chile) exige consulta previa, libre e informada a pueblos indígenas sobre proyectos que afecten sus territorios. Los parques eólicos alemanes violan sistemáticamente este derecho fundamental.
Hidrógeno Verde: La Nueva Frontera del Saqueo
Llaitul denuncia el proyecto de Hidrógeno Verde (H2V), donde “Chile sería socio privilegiado para Alemania en la Estrategia Nacional de H2V.” Si bien los proyectos más grandes están en Magallanes, el Wallmapu ancestral “se considera clave para el desarrollo de la cadena de valor.”
Ejemplo: COMASA H2V Lautaro, Malleco, con inversión de US$ 30 millones. Para producir hidrógeno “verde” se requiere:
- Gran cantidad de recurso hídrico (ríos y lagos ancestrales)
- Generación de residuos del proceso de purificación de agua
- Contaminación de suelos y acuíferos del territorio mapuche
El hidrógeno “verde” es la nueva máscara del extractivismo: se presenta como “energía limpia del futuro” mientras devasta territorios indígenas, agota recursos hídricos y contamina ecosistemas milenarios.
La Amenaza Explícita: Exterminio si Gana un Alemán
Frente a esta realidad histórica y económica, Llaitul formula su advertencia más grave: “Sin lugar a duda que, si el próximo presidente de Chile es un alemán, este impondrá un sistema de dominación muy cruento contra nuestra nación originaria y contra los demás oprimidos de Chile.”
Esta no es retórica alarmista. Es análisis político basado en:
- Historia del colonialismo alemán en el Wallmapu: violento, racista, exterminador
- Control económico actual de descendientes alemanes sobre territorios ancestrales
- Discurso explícito de candidatos como Kast ofreciendo “correr bala” contra resistencia mapuche
- Tradición fascista de enclaves como Colonia Dignidad
- Lógica extractivista de inversiones alemanas que requieren territorio sin pueblos
Si un presidente descendiente de colonos alemanes asume el poder en Chile, con el respaldo de capitales alemanes que explotan el Wallmapu, con la ideología neofascista que caracteriza a estos candidatos, el resultado será genocidio abierto contra comunidades mapuche que resisten.
Eduardo Artés y el Indulto: Legitimidad vs. Impunidad
Durante la campaña presidencial, el ex candidato Eduardo Artés propuso públicamente la posibilidad de indultar a Héctor Llaitul. Esta propuesta generó debate, especialmente cuando la ultraderecha simultáneamente proponía indultos para criminales de lesa humanidad de Punta Peuco —militares genocidas de la dictadura pinochetista.
Llaitul agradece a Artés: “Creo que el profesor Artés tiene la más alta convicción de la justeza de la Causa Mapuche.” Y señala que esta propuesta, aunque venga de la institucionalidad opresora, “representa una forma de dar legitimidad al clamor de nuestras comunidades” porque “no es justa la prisión de mapuches que luchan por sus tierras y cultura.”
La Falsa Equivalencia: Luchadores vs. Genocidas
Llaitul establece la distinción moral fundamental: “Una cosa es cometer crímenes horrendos para favorecer a los ricos y mantener las injusticias en contra de los oprimidos, y otra cosa es la lucha desde los oprimidos por hacer justicia.”
- Criminales de Punta Peuco: torturadores, asesinos, responsables de desapariciones, condenados por crímenes de lesa humanidad según legislación internacional, que sirvieron a dictadura militar que protegió intereses de élites y corporaciones
- Presos políticos mapuche: líderes comunitarios, defensores territoriales, condenados por resistir el despojo de tierras ancestrales, que luchan por justicia histórica y derechos constitucionalmente reconocidos
Proponer indultos equivalentes es obscenidad moral. Los criminales de Punta Peuco merecen morir en prisión. Los presos políticos mapuche merecen libertad inmediata, reparación integral y devolución de territorios.
Boric: El Gobierno “Progresista” que Preparó el Genocidio
El análisis más demoledor de Llaitul se dirige contra el gobierno del presidente Gabriel Boric, supuestamente “progresista” y “de izquierda”:
“El gobierno de Boric ha sido el que más mal ha tratado la causa mapuche a través de sus políticas de seguridad.”
Las políticas de Boric incluyen:
- Aumento de represión sobre comunidades en resistencia
- Apoyo incondicional a grupos económicos extractivistas
- Represión indiscriminada con mayor cantidad de presos políticos mapuche en la historia reciente
- Tortura y persecución en cárceles concesionadas
- Militarización total del Wallmapu mediante Estado de Excepción
Llaitul concluye: “La actual administración ha creado las condiciones para que un nuevo gobierno de la ultraderecha le declare la guerra al Pueblo Nación Mapuche.”
Esta es la función histórica de gobiernos “progresistas” en América Latina: preparar condiciones para ofensivas genocidas de gobiernos fascistas posteriores. Boric militarizó el territorio, criminalizó la resistencia, encarceló líderes, legitimó narrativas de “terrorismo mapuche.” Cuando Kast o Matthei asuman, encontrarán el terreno preparado para exterminio masivo.
La Reconversión de la Doctrina de Seguridad Nacional
Llaitul identifica algo crucial que la mayoría de analistas ignoran: las políticas de seguridad de Boric son “la reconversión de la doctrina de seguridad nacional, proveniente del imperialismo estadounidense a las dictaduras militares que asolaron América Latina.”
¿Qué es la Doctrina de Seguridad Nacional?
Fue la ideología que justificó las dictaduras militares latinoamericanas de los años 60-80:
- Enemigo interno: cualquier resistencia social es “amenaza a la seguridad nacional”
- Guerra contrainsurgente: el Estado en guerra permanente contra su propia población
- Violación sistemática de DDHH: tortura, desaparición, asesinato legitimados como “seguridad”
- Control militar del territorio: Fuerzas Armadas como garantes del orden capitalista
- Criminalización de organización popular: sindicatos, movimientos sociales, pueblos indígenas como “subversión”
Esta doctrina genocida no desapareció con la democracia formal. Se reconvirtió, se modernizó, se disfrazó con lenguaje democrático. Y el gobierno de Boric la está reimplementando contra el pueblo mapuche.
Manifestaciones Concretas de la Reconversión
Llaitul enumera los componentes del nuevo Estado policial:
- Fortalecimiento del Estado policial con mayor presupuesto y facultades
- Sistema procesal punitivo que criminaliza resistencia social
- Cárceles concesionadas (privatizadas) que lucran con presos políticos
- Agencia Nacional de Inteligencia (ANI) para espionaje de comunidades
- Fiscales con prerrogativas especiales basadas en “inteligencia política”
- Militarización mediante Estado de Excepción permanente
- Leyes draconianas tipo Ley Antiterrorista
- Fiscales racistas que persañen sistemáticamente a mapuche
- Demonización mediática de weichafe (guerreros) mapuche
- Tecnología represiva: drones, tanquetas, blindados, efectivos militares masivos
Lo más escandaloso: “Resulta casi incomprensible cómo el Partido Comunista y cierta izquierda del Frente Amplio pueden estar a favor de extender el Estado de Excepción.”
La “izquierda” chilena votando por militarización de territorio indígena. La misma traición histórica de siempre: cuando el capital extractivista exige disciplinamiento de pueblos originarios, la “izquierda institucional” obedece.
Solidaridad con Venezuela: Antiimperialismo Desde la Cárcel
Llaitul dedica parte de su análisis a la situación venezolana y la amenaza de intervención estadounidense, estableciendo conexiones fundamentales:
“Una eventual incursión militar contra Venezuela constituye no solo una afrenta para el pueblo venezolano, sino una declaración de guerra contra todos los pueblos independientes y naciones originarias que habitamos en el Abya Yala.”
Esta solidaridad internacionalista no es abstracta. Llaitul comprende que la misma lógica imperialista que quiere derrocar al gobierno venezolano para controlar petróleo es la que genocida pueblos indígenas para controlar territorios.
La hegemonía estadounidense —dictada por FMI, Banco Mundial, Consenso de Washington— opera mediante:
- Desnacionalización de recursos naturales
- Transferencia de riqueza hacia corporaciones transnacionales
- Bloqueos económicos contra gobiernos que resisten
- Sedición financiando ultraderechas locales
- Intervención militar cuando lo anterior falla
Los pueblos mapuche, los pueblos venezolanos, los Wayú, los Pemón, todas las naciones originarias del Abya Yala enfrentan el mismo enemigo: el imperialismo capitalista que necesita exterminar resistencias para garantizar saqueo.
Llaitul envía desde la cárcel “saludo combativo al hermano pueblo Wayú, al pueblo Pemón, así como a los demás descendientes del Weichafe y líder Waikapuru.” Esta es la verdadera solidaridad internacionalista: reconocer luchas comunes contra enemigos comunes.
La Resistencia Mapuche: “Con Nuevos Bríos y Mayor Newen”
Finalmente, Llaitul analiza la situación actual del movimiento de resistencia mapuche. A pesar de la represión brutal, de los presos políticos con condenas de décadas, de la militarización total del territorio, la resistencia no se detiene:
“Más allá de los gritos de victoria que levanta la ultraderecha y los anti-mapuche del oficialismo gobernante, en cuanto a acabar con las acciones de resistencia, la causa mapuche no se detiene. Es más, reflota con nuevos bríos.”
Las Comunidades en Control Territorial
Llaitul reivindica “las comunidades que han abrazado la política del control territorial, lof que no abandonarán el camino asumido de luchar sin cuartel en contra de los diversos proyectos extractivistas.”
El control territorial es estrategia de autonomía práctica: comunidades que recuperan tierras ancestrales, expulsan forestales, bloquean proyectos hidroeléctricos, defienden recursos naturales. No esperan permisos del Estado. Ejercen soberanía de facto sobre territorios ancestrales.
Contra estas comunidades se concentra la represión más brutal. Porque el control territorial amenaza directamente la acumulación capitalista que requiere acceso irrestricto a recursos naturales.
La Nueva Generación de Weichafe
“La resistencia resurgirá dada la conciencia y compromiso de lucha de las nuevas generaciones de weichafe y del Newen de la Mapu que perdurará por siempre.”
El Estado chileno puede encarcelar a Héctor Llaitul por 23 años. Puede militarizar el Wallmapu. Puede torturar, reprimir, asesinar. Pero no puede exterminar la conciencia generacional de jóvenes mapuche que ven con sus propios ojos el despojo, la contaminación, la humillación colonial.
Cada nueva generación de weichafe (guerreros) surge porque las condiciones estructurales de opresión persisten. Mientras exista extractivismo en territorio ancestral, existirá resistencia.
Autonomía y Reconstrucción Nacional
Llaitul es explícito sobre el horizonte político: “La lucha seguirá y será más fuerte porque aún existe un movimiento que estamos por la autonomía y por las transformaciones verdaderas que restituyen nuestro mundo mapuche en el concepto más amplio.”
No se trata de “integración” al Estado chileno. No se trata de “participación política” en instituciones coloniales. Se trata de reconstrucción nacional mapuche: recuperación territorial, autonomía política, revitalización cultural, justicia histórica.
“No actuamos con lógica winka ni occidental, ni como defensores medioambientales, como nos llaman los ‘progres’. Tampoco como luchadores sociales o como políticos pragmáticos, sino que se lucha como Mapuche, porque somos Mapuche.”
Esta claridad de identidad política es fundamental. El movimiento mapuche no busca ser “aceptado” por la izquierda chilena, ni reconocido como “buenos ambientalistas” por ONGs progresistas. Lucha desde su propia cosmopolítica, desde su Mapuche Kimun (conocimiento) y Mapuche Rekiduam (pensamiento).
Violaciones de Derechos Humanos: 23 Años de Condena Política
La condena de 23 años contra Héctor Llaitul bajo la Ley de Seguridad del Estado constituye violación flagrante de múltiples instrumentos de derechos humanos:
Instrumentos Internacionales Violados
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos:
- Art. 9: Prohibición de detención arbitraria
- Art. 14: Derecho a juicio justo
- Art. 19: Libertad de expresión (Llaitul es werken, vocero)
Convención Americana sobre Derechos Humanos:
- Art. 7: Derecho a libertad personal
- Art. 13: Libertad de pensamiento y expresión
Convenio 169 de la OIT:
- Art. 8: Derecho a mantener instituciones propias
- Art. 9: Respeto a métodos de control social indígenas
- Art. 10: Preferencia por sanciones distintas al encarcelamiento
Declaración de la ONU sobre Derechos de los Pueblos Indígenas:
- Art. 7: Derecho a la vida, libertad y seguridad
- Art. 10: No pueden ser desplazados por la fuerza
- Art. 26: Derecho a tierras, territorios y recursos
La Ley de Seguridad del Estado: Instrumento Represivo
Esta ley, herencia de la dictadura pinochetista, fue diseñada para criminalizar disidencia política. Su aplicación contra líderes mapuche que defienden territorios ancestrales es:
- Desproporcional: equipara defensa territorial con “amenaza a seguridad del Estado”
- Discriminatoria: se aplica selectivamente contra mapuche, no contra empresarios que violan derechos
- Política: busca neutralizar liderazgos efectivos mediante condenas ejemplarizantes
Veintitrés años de prisión por defender derechos territoriales constitucionalmente reconocidos es venganza política disfrazada de justicia.
Llamado a la Acción: Libertad para Héctor Llaitul y Todos los Presos Políticos Mapuche
El caso de Héctor Llaitul y el análisis que realiza desde la cárcel exigen acciones urgentes:
1. Libertad Inmediata para Todos los Presos Políticos Mapuche
Héctor Llaitul, Pablo Coluhuan (preso en Argentina) y decenas de presos políticos mapuche en cárceles chilenas deben ser liberados inmediatamente. Sus condenas son políticas, no criminales.
2. Anulación de la Ley de Seguridad del Estado
Esta ley dictatorial debe ser derogada completamente. No puede usarse legislación represiva de dictadura en supuesta “democracia.”
3. Fin del Estado de Excepción en el Wallmapu
La militarización permanente del territorio mapuche debe cesar inmediatamente. Retirada de Fuerzas Armadas y desmilitarización completa.
4. Cese de Proyectos Extractivistas Sin Consulta
Suspensión inmediata de todos los proyectos (forestales, hidroeléctricas, parques eólicos, hidrógeno verde) impuestos sin consulta previa, libre e informada.
5. Devolución de Territorios Ancestrales
Cumplimiento efectivo del Convenio 169 de la OIT: reconocimiento y devolución de tierras ancestrales a comunidades mapuche.
6. Investigación de Crímenes de Estado
Tortura, represión, asesinatos de mapuche deben ser investigados como crímenes de lesa humanidad. Responsables (políticos, militares, policías) deben ser juzgados.
7. Reparación Integral
Las comunidades mapuche merecen reparación económica, territorial y simbólica por siglos de genocidio, despojo y colonialismo.
8. Solidaridad Internacional
Denuncia ante Comisión Interamericana de DDHH, Corte IDH, Relatores de ONU sobre situación de presos políticos mapuche y militarización del Wallmapu.
9. Campaña de Visibilización
#LibertadParaHéctorLlaitul debe ser campaña internacional que exponga la criminalización de líderes indígenas en Chile.
10. Boicot a Empresas Alemanas
Boicot internacional a empresas alemanas que operan en territorio mapuche sin consulta: WPD Chile, COMASA, forestales, cervecerías.
Conclusión: La Advertencia Desde la Cárcel No Puede Ser Ignorada
Héctor Llaitul habla desde 23 años de condena en una cárcel concesionada chilena. No habla desde escritorio académico ni tribuna política cómoda. Habla desde el lugar donde el Estado pone a quienes más teme: líderes efectivos que organizan resistencia territorial.
Su advertencia es clara: Si un descendiente de colonos alemanes gana la presidencia de Chile, impondrá un sistema de dominación cruento —genocidio abierto— contra el pueblo mapuche.
Esta advertencia se basa en:
- Historia: Los colonos alemanes se apropiaron violentamente del Wallmapu desde 1881
- Economía: Descendientes alemanes controlan hoy la mayoría del territorio ancestral mapuche
- Ideología: Los candidatos alemanes de ultraderecha prometen abiertamente “correr bala” contra resistencia mapuche
- Tradición: Colonia Dignidad demostró la capacidad genocida del fascismo alemán en territorio mapuche
El gobierno “progresista” de Boric ha preparado las condiciones: militarizó el territorio, criminalizó líderes, legitimó narrativas de “terrorismo.” Cuando la ultraderecha asuma, encontrará el terreno fértil para exterminio masivo.
Pero Llaitul también envía un mensaje de resistencia inquebrantable: “La resistencia resurgirá dada la conciencia y compromiso de lucha de las nuevas generaciones de weichafe y del Newen de la Mapu que perdurará por siempre.”
El Estado chileno puede encarcelar werken, militarizar territorios, torturar weichafe. Pero no puede exterminar la memoria ancestral, la conciencia territorial, el compromiso generacional del pueblo mapuche con su tierra, su cultura, su autonomía.
Cada vez que se atenta contra Ñuque Mapu (tierra madre), contra Lof (comunidades), contra presos políticos, habrá respuesta con todo el Feyentun (fe, convicción) y Newen (fuerza espiritual) de la Mapu.
La voz de Héctor Llaitul desde la cárcel es advertencia y promesa: advertencia del genocidio que se prepara, promesa de resistencia que no se extinguirá.
Escuchar esta voz, solidarizarse con esta lucha, exigir libertad para los presos políticos mapuche no es opción moral. Es obligación política de toda persona comprometida con derechos humanos, justicia histórica y resistencia antiimperialista.
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